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La web 2.0 y la comunicación de la ciencia

Desde que Platón escribió el mito de las cavernas, el conocimiento se simboliza como un don que ilumina a todo a quien toca. Da la posibilidad de ser una mejor persona, de saber, de decidir y de enjuiciar. El conocimiento enaltece a las personas y las eleva por sobre aquellos que aún continúan en las cavernas.

Bajo esta lógica, el saber científico trae consigo la idea de la comunicación, de compartir el conocimiento y de reconocer a aquellas personas que hacen aportes que ayudan a mejorar la vida de millones de personas en el mundo. A lo largo de los siglos, aquellos que han sido callados para ocultar sus hallazgos hoy son mártires de la historia y en la figura de los movimientos que buscaban rescatar el conocimiento de las manos de solo algunos, se han fundado desde universidades a documentales y políticas.

Pero ¿Qué pasa cuando no hay espacio para la ciencia en los medios tradicionales? ¿Qué se hace cuando todo el conocimiento generado en miles de disciplinas diferentes tiene que pelear por pocos párrafos explicando sus alcances y conclusiones? La respuesta es simple: Nadie sabe de nada y surgen charlatanes que mueven masas como aquellos que convencen madres en el mundo de no vacunar a sus hijos por creer que pueden provocar autismo.

Hoy la comunicación de la investigación científica no puede basarse solo en las pocas páginas que a diario destinan los medios tradicionales, ni tampoco puede pretender que un público que trascienda niveles de educación o clases sociales se interese por textos redactados de formas tradicionales y llenos de contenidos difíciles de comprender y sin mucha explicación.

En este escenario, las redes sociales se han convertido en la gran salida a este problema de cómo comunicar la ciencia. Ahora los científicos tienen la posibilidad de interactuar directamente con quien quiera hacerles una pregunta o refutar un comentario, llegar a públicos mucho más masivos y diversos que lo permitido por los medios tradicionales y además permiten entregar gran cantidad de información en plataformas llamativas pero mucho más baratas.

Es así como hoy la propia generación de contenidos online toma mayor relevancia en desmedro de los medios tradicionales. Además han surgido sitios web destinados a la divulgación científica, los que no necesariamente están relacionados a universidades o instituciones gubernamentales de ciencia. Todos ellos están en Twitter y en Facebook, incluso algunos en Instagram, porque han entendido que al lector hay que ir a buscarlo, no va a llegar solo.

Este fenómeno incluso ha logrado que los incipientes medios dedicados a la ciencia “contagien” a los medios tradicionales a dedicar más espacio en sus programaciones y páginas a la ciencia y, lo más importante, a la ciencia hecha en Chile.

No obstante, el desafío que queda es mayor. Aún es necesario que más personas entiendan que el impacto de la comunicación hoy está en las redes y que es muy poco probable que vuelva a las formas tradicionales, que el poder de la comunicación bien planteada y utilizando múltiples plataformas puede hacer que la ciencia llegue a cada rincón de la sociedad, iluminando, tal como en el mito de las cavernas, a todo quien la reciba.

 

Valentina Montero

Valentina Montero

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