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Tren Digital | Viaje “a” y “por” la Era Digital

Bienvenidos al primer think tank digital en Chile, desarrollado por la Facultad de Comunicaciones UC

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Viaje “a” y “por” la Era Digital

Como periodistas de la generación de la máquina de escribir, la transición a la era digital fue toda una odisea en materia de cambio cultural o más bien de “adaptación cerebral”. Pertenezco a esa generación que trabajaba en salas de redacción con un ruido ensordecedor por los golpes del tecleo de las máquinas de escribir. Parecía un campo de batalla con ametralladoras.

Todo era distinto antes. Te equivocabas en un artículo, aplicabas “liquid paper” y si eran muchos los cambios tenías que tomar una página en blanco y volver a escribir, aunque algunos desesperados recurrían a la tijera y el scotch, hasta estar seguros de tener el texto definitivo y pasarlo en limpio.

Para sacar el visto bueno de un cliente a una maqueta o artículo, tenías que ir físicamente a su oficina para que él lo corrigiera a mano, y si eran más personas que corregían, más rayas, frases y distintas letras. Al llegar a tu oficina tenías que tener gran destreza para descifrar qué decían las correcciones y a cuáles les harías caso. Y después, vuelta a ir donde el cliente con la nueva versión y así, hasta llegar a su visto bueno final, su firma y de este modo entrar a imprenta.

Si tenías que trabajar con tu equipo de trabajo, debías juntarte siempre en persona. La única posibilidad de trabajar “en línea”, era haciendo una fila india.

Del Liquid Paper al Delete

La era digital estaba entrando lentamente a Chile. La transición para los periodistas desde la máquina de escribir a un computador, fue dispar. Dependía del medio en que estaban trabajando. Y no sé quién asesoró a las empresas periodísticas que por lo menos yo conocí, que justo se les ocurrió comprar el sistema WordPerfect, ese que no tenía mouse y ni pensar en pantalla touch (no la habían inventado todavía…).

Tenías que memorizar las teclas para editar. Si se te olvidaba y estabas contra el tiempo, simplemente preguntabas a viva voz “¡¿Cómo se corta el párrafo y se pega en otro lado?!” y empezaban las sugerencias de tus colegas como si fuera remate “¡Tecla F5!” “¡Ctrl F3!”, etc. Te equivocabas en el consejo a seguir y hasta podías perder tu párrafo por un buen rato. Si no recordabas dónde habías guardado el artículo, se te perdía por la eternidad. Pero una genialidad, el mejor invento después de la rueda. Ya no tenías que aplicar “liquid paper” ni comenzar a escribir todo de nuevo y tantas otras cosas “mágicas” más.

Encender los computadores era todo un ritual. Tomabas primero un disco (si mal no recuerdo lo llamaban DOS, léase “De-O-Ese”) que más bien parecía uno de esos vinilos “single” y por un momento al introducirlo a la ranura te imaginabas que iba a comenzar a sonar Led Zeppelin. Luego, pronunciabas las palabras mágicas “abracadabra” (broma) y se encendía. Finalmente, sacabas ese disco y ponías otro y comenzabas a escribir. Si se perdía el del encendido era una tragedia griega pues el proceso dependía de estos.

Viaje por el Ciberespacio

El cambio más radical que vivió la generación de periodistas pre-digitales fue con la llegada del Internet. La facilidad de trabajar con el mail, los ahorros de viajes y tiempo, trabajar desde tu casa y, en lo personal, comunicarte con seres queridos que viven en cualquier parte del planeta.

Eso, sin contar la extraordinaria posibilidad de acceder a información, miles de millones de artículos, datos, historias, imágenes etc., sin tener que moverte de tu escritorio ni ir a bibliotecas, archivos ni rezando para encontrar lo que buscas.

Otro cuento fue la aparición de la WEB. La histeria entre un gran número de periodistas pre-digitales cundió, “o te renuevas y lo aprendes, o quedas debajo de la micro, ¡Directo a la cesantía!”. Obvio, comenzamos a capacitarnos…con código HTML, por supuesto, pues faltaba mucho para que aparecieran los administradores de contenido (y para qué hablar de los “buscadores” tipo Google).

Lamentablemente, muchos de los creadores de las primeras páginas web “made in Chile”, no entendieron el verdadero uso y provecho de este medio. Para ellos el affordance era: “Mirar”. ¡En serio! mirar una imagen o leer un texto. Nada más. “¡Oye, manda el flyer a imprenta y no te olvides de subirlo a la web!” o simplemente creaban algo nuevo para la web, pero bajo el concepto de Flyer.

Y ahí quedaba la imagen por semanas; las mismas fotos, el mismo texto. En ese tiempo no existía la posibilidad de implementar a cabalidad el affordance “Generación de contenido”. Ni pensarlo. Al no generar contenido, era imposible crear comunidad, ni perfiles, ni conocer la opinión de otros, entre tantas otras alternativas. Y si hubieras preguntado por la “navegación del usuario”, de seguro te habrían mandado a comprar un bote, lancha, o similares (broma).

Estaba el tag “contáctenos”, aunque pocas veces te enterabas si recibían o no tu mensaje. También podías responder un formulario y algunas otras cosas más. Poco o nada de feedback o interacción empresa–usuario. Otro tag frecuente era “ver más” o con nombres similares, lo que significaba acceder a esa “permanencia” de fotos o textos publicados en fechas anteriores. Así también el infaltable “Quiénes somos”.

No todos desaprovecharon las oportunidades que ofrecía este nuevo invento en Internet que llegaba a Chile, pero cada vez que mirabas uno de esos sitios semi estáticos te preguntabas, ¿Y para esto tanto escándalo?

Otra experiencia para contar es la aparición de las redes sociales. Pero eso quedará para otro capítulo.

Patricia Sirebrenik

Patricia Sirebrenik

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